Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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Nota: esta colaboración se publicó en la edición regional del Diario de Noticias de Navarra, el sábado 24 de enero de 2004.

AZUELO, COMO EJEMPLO

Judíos son los de Azuelo, porque escondieron a Cristo debajo de un matorral, se dice de los habitantes de este pequeño municipio del valle de Aguilar, el cual ocupa uno de los tres vértices que conforma el triángulo judío en Tierra Estella: Azuelo, Lerín y la ciudad del Ega. Sea por esa atribución semita, o por el apellido de cristiano nuevo del alma mater de esta reducida sociedad rural, el municipio sabe venderse como nadie. Pocos pueblos pequeños han generado en los dos últimos años tantas noticias como él. Noticias positivas, todas ellas. De esas que conectan directamente con la creatividad de esta tierra, y con el afán de mejorarla y luchar por la supervivencia de su cultura, de sus pueblos, de su memoria, y de sus gentes. Como reconocimiento a la rehabilitación de sus fuentes, lavaderos, ermitas y cabañas, dos años consecutivos ha ganado el concurso de Embellecimiento de Pueblos de Tierra Estella. Recientemente ha adaptado para Ayuntamiento las antiguas escuelas, y ha puesto al descubierto tumbas alto medievales excavadas en la roca cuya existencia era negada en los despachos oficiales. Y todo ello lo ha hecho a auzalán, por la cara, y por el pueblo. No ha sido tarea fácil: no bastando con su dinero y su esfuerzo, han tenido que jugársela para ganar por la mano a aquellos que desde un despacho desprecian lo que ignoran.

A lo largo del pasado año, han sido abundantes las noticias de restos arqueológicos que según avanzaba la construcción de la autovía del Camino ponía al descubierto la excavación de su trinchera. En todos los casos los pueblos llegaban tarde, y tras estéril polémica los hallazgos desaparecían para siempre. Los de Azuelo, en cambio, han tenido la habilidad de adelantarse a la maquinaria y, así, el pasado Jueves y Viernes Santo, mientras la mayoría buscábamos el relax de las cortas vacaciones, ellos quitaban la tierra que cubría un antiguo lavadero, para de esta manera evitar que quedara destrozado por la construcción de un camino de parcelaria. El pasado día 8 de enero, este periódico se hacía eco de las catorce tumbas pétreas que conforman el antiguo poblado de Fazuelo, origen del pueblo. En ese momento, todo fue reconocimiento y alabanza. Atrás quedó la insistente visita a los organismos oficiales, quienes negaban su existencia porque en sus despachos no constaba tal noticia. Viéndolas perdidas, los azuelucos convocaron a la prensa, y pico y pala en mano demostraron que existían y pusieron a los técnicos ante una evidencia ineludible. Ahora, otro camino de la parcelaria será desviado, la necrópolis salvada, y la zona ajardinada como recuerdo de aquellos primitivos navarros que vaciaban la dura roca para que sus deudos descansaran el sueño eterno, y de estos navarros de pro que no se entregan a la fatalidad de los tiempos ni se postran lamentando la indiferencia del poder público. No piense el lector que fueron felicitados por su trabajo (ejemplo a imitar por todos los ciudadanos), ni por esa altruista labor que en otros lugares y circunstancias tanto dinero cuesta a las arcas forales. Al contrario. Para los poderes públicos, los técnicos y los organismos oficiales, la existencia de estos colectivos no pasa de ser una mosca cojonera que turba la tranquilidad de sus despachos.

Para el pequeño pueblo estos logros podían ser suficientes, pero Azuelo, convertido en un hervidero de ideas y voluntad, no descansa. Para este año, y lo que dure de los siguientes, se ha puesto la tarea de recuperar los aljibes y las cabañas de falsa cúpula de lo que llaman la sierra, habilitar el antiguo ayuntamiento para que sirva de dispensario en el que el médico anuncie su presencia tañendo la campana que servía para convocar a concejo, y habilitar una biblioteca (a la que tú, lector, puedes donar alguno de tus libros), un centro cultural informatizado, y varias obras más. Y no descansa porque todo lo hace para lograr una meta harto difícil, que más bien parece abocada al fracaso: la supervivencia del pueblo. En el último padrón publicado, del 1 de enero de 2002 al 1 de enero de 2003 el número de sus habitantes ha descendido un 5,7 %. Para un municipio como este, con una población mayoritariamente envejecida, el óbito del primero de sus 50 moradores representa una disminución del 2%, porcentaje que aumentará en progresión geométrica hasta la total desaparición de la vida en el pueblo. Y para hacer frente a esta fatídica fatalidad es por lo que el pueblo está en pie de guerra, como nueva Numancia que se defiende del neo-liberalismo que hace su agosto entre San Ignacio y Carlos III. Los azuelucos saben que la Historia sólo da por vencidos a los que abandonan la empresa.

Qué buenos vasallos si tuvieran buen Señor. Azuelo es un ejemplo a imitar por la población navarra, y un espejo en que se pueden mirar los numerosos ayuntamientos y concejos que conforman la Navarra profunda. Esa Navarra alejada de la Cuenca y de las grandes poblaciones riberas. Esa Navarra olvidada, que no cuenta para la clase política porque, atomizada y amortizada, ni quita ni pone presidente. ¿Qué es Azuelo y, como él, tantos pequeños lugares, para los altos funcionarios y para nuestros políticos? ¿Cuántos de ellos pueden ubicarlo en el mapa? ¿Cuántos altos cargos, consejeros, y parlamentarios, a excepción de los de Cultura, han oído hablar de él y de la joya románica que es el monasterio de San Jorge? Creo que muy pocos, y a ninguno de ellos parece importarle un comino su existencia y sus problemas. Cuando éste y otros pueblos, con el beneplácito de nuestro Gobierno desaparezcan, como no habrá quien cuide sus iglesias y ermitas, las despojarán de enseres, arte y mobiliario, y alguien hará negocio colocando modernos sistemas anti-expolio. Si éstos pueblos olvidados hubieran sido señoríos de la Cuenca, deshabitados desde hace siglos y propiedad de sus antiguos señores, o adquiridos por empresarios y financieros, el Gobierno de Navarra hubiera sido sensible al interés de constructoras y propietarios y habría autorizado la construcción de urbanizaciones de adosados. Pero como no es el caso, y ni cuentan ni nadie va ha hacer negocio con ellos, se desentiende de su futuro y no se escuchan sus razonables demandas. Cuando uno pasea por esa Navarra profunda, recibe las quejas del desamparo en que la tiene nuestro Gobierno, el cual no ejerce la tutela a la que está obligado. Al contrario. Cuando llega el caso, indefectiblemente se pone al lado de la empresa participada, del concesionario de obra pública, o de cualquier otra entidad que sólo busca el beneficio puro y duro. Como decía Jorge Mori en su última colaboración publicada (DDN 6/1/04), el poder de decisión se traspasa de los gobiernos a las empresas.

Nuestros pueblos piden muy poco: sólo un lugar al sol. Con tener unas mejores comunicaciones, y con que la Estrategia Territorial de Navarra establezca las condiciones para que las cabezas de merindad y las poblaciones estratégicas se desarrollen, permitiendo que la gente de los pueblos tenga cerca un lugar en el que poder ganar el pan, les es suficiente. Pero me temo que ni siquiera se les reconozca ese derecho. ¿Para qué hacerlo si la especulación y el verdadero negocio de los poderosos está en hacer más grandes a las grandes ciudades? Para qué hacerlo si, consciente o inconscientemente, ese parece ser el verdadero objetivo del Gobierno...

Pongamos un último ejemplo: para lograr ese lugar al sol, los municipios del antiguo valle de Aguilar pidieron cambios en el acceso previsto en el proyecto de la autovía. Ellos saben lo que conviene a la zona, y el cambio sólo cuesta lo que cuesta tomar la decisión. Ellos creen que la esperanza es lo último que se pierde. Me gustaría equivocarme, pero creo que no será atendida su lógica demanda. Los despachos están llenos de personas aquejadas de titulitis y muy pagadas de su poder y de su excelencia, a las que su orgullo no las predispone a consentir que unos ciudadanos normales les enmienden sus decisiones y proyectos. Tan ahítos de poder, no se dan cuenta que, en ocasiones, el orgullo guarda una relación inversa respecto de la competencia. Lo mismo pasa con la política: los que más hablan de las esencias y de la defensa de Navarra son los que la están fraccionando entre la Navarra a la que le sonríe el futuro y la Navarra condenada al estancamiento.

ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza