Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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Nota: publicado en Diario de Navarra el sábado 6 de noviembre de 2004.

BICIS SIN CONTROL

Leía el pasado lunes la triste noticia de que una pareja falleció en el casco urbano de Cheste (Valencia) cuando una moto que hacía el caballito se les echó encima. Aquí, en Estella, de momento no hay motos que hacen el caballito -tiempo al tiempo-, pero me trajo a la memoria un hecho que presencié cuando un sábado a mediodía circulaba con el coche por la calle San Francisco Javier.

De pronto, salió del puente de la Vía una cuadrilla de jovencitos de entre unos doce y catorce años, montados en bicicleta y a gran velocidad, que sorteando los coches por la derecha y por la izquierda, cruzándolos por delante y por detrás con giros temerarios, entraron en la calle San Andrés por dirección prohibida avanzando por entre los coches que esperaban en el ceda el paso. En sus quiebros, uno de los jóvenes cayó al suelo y quedó a los pies de una ranchera de matrícula francesa. Afortunadamente no pasó nada. Había muchos coches en la calzada, la circulación era lenta, y el vehículo francés pudo frenar a tiempo.

Se ve que los jovencitos, como de costumbre, llevaban mucha prisa, pues debían de ir a hacer caballitos, derrapes, y otras habilidades que a determinadas horas -las más concurridas- convierten nuestra plaza de los Fueros en un descontrolado patio de colegio, o, retomando la noticia de la que parto, en un sucedáneo del circuito "Ricardo Tormo" de Cheste.

Pero no sólo nuestra plaza se ha convertido en el banco de pruebas en el que nuestros niños y preadolescentes practican sus habilidades con las bicicletas, los patines, las bombas de agua, el balón, o muestran su capacidad para esparcir suciedad y convertir nuestro "cuarto de estar" en un basurero. También otras calles y plazas son objeto de sus hazañas, y tan pronto salen las bicis como una exhalación de las bocacalles, como circulan por las aceras considerando a los peatones obstáculos a sortear. Y si la calle ofrece la oportunidad de alcanzar una gran velocidad con un mínimo esfuerzo, pues mejor, y cuanto más pendiente tenga, pues más emoción.

Sé de gente mayor que evita la plaza de los Fueros, a determinadas horas, por considerarla peligrosa. Sé de madres y abuelas, que por el mismo motivo también han empezado a evitarla. Conozco el caso de jovencitos que han quedado tendidos en el cemento porque no han podido controlar la bici, y han tenido que ser llevados al Centro de Salud. He oído hablar de abuelas, que atropelladas en la plaza por jóvenes ciclistas, han caído al suelo con su nieto en brazos, y ambos han tenido que ir al hospital a recomponer sus fracturados huesos...

En Cheste, una avalancha de 300.000 personas hizo incontrolable la situación, y los 500 Guardias Civiles desplegados, así como los 15 agentes de la Policía Local, no pudieron evitar el accidente. Claro, que aquí, en nuestra Estella, no se producen accidentes tan graves. Pero todo se andará.

Demos tiempo al tiempo, y veremos cómo una bici se empotra en un turismo en Juan de Labrit, se lleva por delante a un paseante a la salida de la calleja de los Toros o de la calle Valdeallín, sucede una desgracia en una acera, o en cualquiera de las travesías de nuestra ciudad. De momento, en algo nos parecemos a la ciudad valenciana: aquí, nuestra Policía Local tampoco es capaz de poner freno a unos pocos jovencitos que utilizan nuestras calles y plazas para hacer de ellas su particular campo de pruebas y de habilidades.

ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza