Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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ELOGIO AL COMARCANO

¿Qué habría sido Estella sin su comarca? La respuesta será parecida si preguntamos sobre lo que hubiera sido Tierra Estella sin la ciudad del Ega. Pero ¿nos hemos parado a pensar sobre lo que sería nuestra ciudad sin tantos y tantos comarcanos como han dedicado su esfuerzo a mejorarla?

Observemos a nuestros empresarios, comerciantes, profesiones liberales y cuantos ciudadanos son algo en la economía local: salvo contadas excepciones, sólo veremos personas nacidas más allá de nuestro pocico, o hijos y nietos de aquellos que llegaron del pueblo a probar suerte en Estella. El proceso, similar en todas las ciudades medianas y pequeñas, grosso modo es el siguiente: el profesional exitoso da el salto a una plaza más grande, dejando un hueco que es ocupado por quien, recién llegado, se esfuerza por mejorar su suerte a la vez que intenta apropiarse de las esencias del pueblo que lo acoge.

Nosotros, para ocupar ese hueco hemos tenido la suerte de haber contado, fundamentalmente, con quienes son una prolongación de nosotros mismos. ¿O somos nosotros su prolongación? Miro a mi familia, y veo que desde hace cuatro siglos mis ancestros por línea paterna nacieron en la misma casa en que yo nací. Pero observo que todos ellos -yo incluido- buscaron esposa en los pueblos que nos rodean, y hasta mi madre, nacida en la cuenca pamplonesa, descendía de una familia que hace varios siglos abandonó Morentin. Por eso pregunto: ¿qué estellés o estellesa puede decir que por sus venas no corre sangre de la comarca? Como es natural, haberlos, hailos; pero poquitos.

Si abandonamos la economía y dirigimos la atención hacia la cultura, podemos ver que entre los ciudadanos con origen en otros lares están los que más la han ensalzado, y a través de cuya pluma podemos conocerla. Para muestra, basta con ver la firma de cada uno de los capítulos del libro Estella-Lizarra, que acaba de ver la luz.

Recientemente recordé la ingente obra de D. José Goñi Gaztambide. Hoy le toca a José Torrecilla, Estellés del Año, en cuyas numerosas publicaciones ha quedado recogida parte de nuestra historia, y a cuyo homenaje quiero sumarme con esta sugerencia: que el Ayuntamiento también se adhiera, ofreciéndole tirar el cohete de Fiestas ¿Puede haber un ciudadano más idóneo que aquel que ha recibido el reconocimiento de Estellés del Año?

Nota: esta colaboración se publicó en el nº 229 de Calle Mayor, el 10/01/02.

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