Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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FERIAS DE ESTELLA

Las famosas Ferias de Estella desaparecen. Esa es la opinión de cuanta persona con más de cuarenta años sobre sus espaldas las ha conocido en sus buenos tiempos. ¿Durarán cinco, diez años? ¿más, menos? ¿desaparecerán del todo? ¿quedarán reducidas a algo puramente testimonial? ¿desaparecerán sólo las de Estella, o también las de Tafalla, Pamplona...? No es fácil responder a estas preguntas. Pero hay un hecho incuestionable: las ferias han retrocedido en la misma medida en que lo ha hecho el empleo de animales en la agricultura.

Señalado el factor más importante, ante su declive podemos actuar de dos maneras: sentarnos a esperar a que pase su cadáver para certificar su defunción, o intentar conservarlas dándoles todas las facilidades y apoyos posibles, a la vez que buscamos su conversión en ferias de más cosas. Lo cual no es fácil, pero es posible

En Estella tenemos ejemplos para todos los gustos: cuando la peste se llevó el mercado del cerdo, su vacío lo ocupó "el corte inglés" que todos los jueves expone sus productos en la plaza de Santiago, de manera que adaptado a los tiempos y a la socialización del coche el mercado semanal continua pujante; por el contrario, cuando desapareció la Feria de la Virgen del Puy con ella se llevó la fiesta, hasta el punto de que hoy el 25 de mayo está tan lánguido como un domingo cualquiera. Otro tanto podríamos decir de la festividad de San Andrés si no fuera por el toque simpático que aportan comerciantes y sociedades gastronómicas con su invitación al "almuercico". Por eso, no es aventurado decir que si con las Ferias de mayo pasó lo que pasó, cuando dejen de llegar los caballos con la Feria de San Andrés pasará lo mismo.

En unos tiempos en que la cabaña equina ha disminuido tanto, nuestra Ferias tienen que hacer frente, en un mes, a la competencia que ofrecen las de Pamplona, Tafalla (que, por cierto, conserva pujantes dos ferias de ganado y de otras cosas), Alsasua y alguna otra población de la montaña. Mucha competencia para tan poco mercado. Y si a ello sumamos nuestro empeño en meter el ganado en la plaza de Santiago; en hacer que tratantes y ganaderos se tengan que buscar la vida para aparcar camiones y cargar animales; y al hacerla en domingo queremos que acudan todos los navarros, riojanos, alaveses y guipuzcoanos, estamos acumulando boletos para que la Feria desaparezca lo ante posible.

Hace unos años hubo cierta polémica sobre si convendría sacar el ganado de la plaza de Santiago. Según parece, apelando a la traición se rechazó el traslado. ¿Se me quiere explicar por qué la tradición impide buscar otro emplazamiento, y, sin embargo, permite cambiar la fecha? La tradición -en cuyo nombre se suelen cometer grandes fechorías- no puede obligar a que los vecinos tengamos que convivir en una plaza poco o nada desinfectada, y a tener que pasear durante semanas o meses entre la mierda que los servicios de limpieza no han podido retirar. Pero es la propia Feria quien demanda un recinto adecuado y amplio en el que exista la posibilidad de una cómoda carga y descarga (si les sirve mi opinión, el lugar más adecuado es el entorno de Cordeleros), y en el que separando los espectadores de los animales se eviten escenas como las de madres empujando coches de niños entre las bestias, estorbando y poniendo en peligro a sus hijos.

En cuento a la fecha, lo correcto sería preguntarles a los protagonistas: a aquellos que vienen a comprar y vender ganado, y que pueden ser localizados a través de las "guías" que facilitan los veterinarios. Trasladar la Feria al domingo ha sido un gran error que sólo sirve para congestionarla de visitantes cuya presencia no podemos rentabilizar por tener el comercio cerrado. Otra cosa sería si se celebrara en sábado, con el comercio abierto, sin prisa porque el día siguiente es festivo, y habilitando un servicio de "catering" para que pudiendo comer todos en Estella, los visitantes se queden hasta la llegada de la noche.

He señalado antes que a la Feria habría que buscarle otros contenidos. Se podría abrir al ganado bovino (hace años este ganado se instalaba en el acceso a Los Llanos), ovino, porcino, avestruces, etc.; exponer la maquinaria y útiles para su cuidado, cría y explotación; feria de energías blandas, alternativas y productos ecológicos; y un largo etc. que al lector se le puede ocurrir. (hablando de todo, y puesto que la carne de vacuno no necesita promoción y la feria es de ganado caballar, ¿no sería mejor que en vez de asar una ternera se asara un potro, y a la vez que promocionamos su carne ayudamos al desarrollo de la Feria? ¿O varios avestruces?

Pero para la subsistencia de la propia Feria y de sus posibles alternativas, lo prioritario y absolutamente necesario es trasladarla a un emplazamiento más adecuado. A la Feria de San Andrés no se le puede aplicar la máxima ignaciana de "en tiempos de tribulación no hacer mudanza", salvo que deseemos enterrarla más bien pronto.

Nota: esta colaboración se publicó en el nº 204 de Calle Mayor, el 27/12/00. Otra colaboración sobre Ferias: "Luces y sombras por San Andrés".

ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza