Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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IN MEMÓRIAM

El pasado 21 de noviembre, hace aproximadamente un mes, falleció en Pamplona José Goñi Gaztambide, canónigo, historiador, archivero de la catedral y primer galardonado con el Premio Príncipe de Viana. A sus padres, naturales de Azcona, cuando se casaron les construyeron, como dote, una pequeña casa en la carretera -Casetas de Arizaleta, se le llamaba entonces al núcleo; Casetas de Ciriza se le llama ahora-, para que su progenitor, Probo Goñi Ezcurra, se sacara la vida como carretero poniendo en comunicación con sus carretas la Ribera de Navarra con el interior y la costa de Guipúzcoa. Una vida dura: subía con su carreta cargada de aceite, vino y granos riberos, y al llegar a Estella alquilaba alguna caballería de apoyo para que le ayudara a remontar el Alto Muru -mi padre en su juventud realizó con frecuencia ese servicio-. Otro tanto hacía en Abárzuza para alcanzar Lizarraga, y en cuantas dificultades orográficas lo requirieran, para hacer lo propio en el viaje de regreso. De esa familia salió D. José, carácter espartano e incansable, que, gracias a su ingente labor archivística e histórica, a no tardar ocupará un merecido lugar en el parnaso de nuestro viejo reino junto al Padre Modet, Yanguas y Miranda, y algún otro cronista e historiador.

Siendo su "Historia de los obispos de Pamplona" su obra más extensa, importante y ambiciosa, lo que más nos importa a los estelleses son las 2.000 páginas que en tres tomos ha dedicado a la "Historia eclesiástica de Estella". Amplia y documentada obra que a precio de novena elaboró para mayor gloria de la ciudad, y para cuya publicación tuvo que poner dinero de su bolsillo, amén de viajes y otros gastos. Cuando el 15 de marzo de 1981 contestaba a una de mis cartas, en la que como presidente de la Comisión de Cultura le ofrecía actualizar el compromiso económico a que años atrás llegó con el ayuntamiento, para que así pudiera continuar y terminar la historia eclesiástica, me contestó que "en cuanto al compromiso económico adquirido por ese ayuntamiento quedó plenamente saldado. Ahora me toca a mí cumplir el mío" Y lo cumplió con creces, así era D. José, a pesar de que del ayuntamiento sólo había recibido un total de 48.000 pesetas.

El 27 de septiembre del año pasado, en el número 222 de Calle Mayor me publicaron una colaboración en la que me hacía eco de la correspondencia que con él y con José Mª Lacarra mantuve sobre las historias civil y eclesiástica de Estella, la cual terminaba con estas letras: "...ahora nos toca corresponder a la dedicación, la generosidad y la obra de D. José Goñi Gaztambide, dedicándole un homenaje, entregándole la medalla de la ciudad, nombrándolo hijo adoptivo (aunque todos los vecinos de Tierra Estella deben ser considerados como tales), y dedicándole una calle. Cuando es posible -y ahora lo es- el reconocimiento y el homenaje hay que darlo en vida (yo se lo doy a través de estas letras) El autor se lo merece, y la ciudad se debe sentir obligada".

Mi propuesta cayó en saco roto y, ahora, al mes de su óbito, hemos pagado su generoso trabajo con la indiferencia y el olvido. Ni un funeral, ni un detalle, ni un recuerdo, ni una nota de nuestros políticos... Creo que él nunca buscó el homenaje, y como recordaba Fernando Pérez Ollo en DDN, cuando recibió el premio Príncipe de Viana "resumió su sorpresa con un trazo: Este reconocimiento me extraña, porque en trabajos como el mío nos sucede lo mismo que al sastre de Campillo, que además de coser, ponía el hilo" Con más razón, por ese motivo, el olvido duele y la desconsideración ofende. Como dice el refranero: "De bien nacidos es el ser agradecidos". ¿Qué menos que el ayuntamiento y la sociedad estellesa le tributen un homenaje póstumo, ya que no tuvieron el detalle de ofrecérselo en vida?

Nota: esta colaboración fue publicada en el nº 252 de Calle Mayor, el 21/12/02. En el pleno celebrado el 2 de enero de 2003, el Ayto. acordó dar su nombre a una calle.

ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza