Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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LAS FIESTAS DE LA SIMPATÍA NECESITAN UN MENEO

Cuando en la inmediata posguerra mi abuela materna bajó con sus hijas para instalarse definitivamente en Estella, se quedó asombrada de la vitalidad de sus fiestas y, sobre todo, del papel protagonista que en ellas ocupaba la mujer. Si están todo el tiempo en la calle, participando de la música, de las vacas, de los encierros, ¿cuándo guisan?, ¿cuándo lavan?, ¿cuándo limpian?, se preguntaba. Ella, que por haber nacido y vivido en Tajonar conocía en profundidad los sanfermines, no pudo menos que asombrarse del ambiente callejero que encontró en la ciudad del Ega. No creo que esta participación femenina fuera muy antigua (los programas de fiestas de principios del s. XX hablan de paseos de gala por la plaza, y en las primeras fotos del encierro no se ven mujeres), sino una conquista pionera de la igualdad de sexos en la participación festiva, que marcó una línea, como el blanco y rojo de ropas y alpargatas, la gaita, la danza, y quizá alguna otra cosa más que forman parte inseparable de las fiestas de Navarra.

Hoy, algunos de los llamados actos populares están en franca decadencia, pudiendo decirse que tanto las Peñas como la Bajadica del Ché no son sino un espectro de lo hasta hace pocos años fueron. No lo digo ni como lamento, ni como melancólica añoranza. Bien estaría que conservaran el vigor de antaño, pero ya que el ciudadano pasa de ellos, es necesario relegarlos a la crónica costumbrista y potenciar aquellos cuya participación va en aumento y que no son debidamente atendidos. Llevo dos años (Calle Mayor núms. 196 y 220) insistiendo en este y otros aspectos, y aunque en algún caso se me ha hecho caso (cucaña sin animales), mis propuestas tienen que bregar contra la racanería administrativa y contra la inercia, el conservadurismo, o la incapacidad para ver el fracaso y rectificar que muestran algunos agentes festivos, y, sobre todo, nuestra corporación.



Dije en otra ocasión (C.M. núm. 220, de agosto 01) que, exceptuando los actos religiosos, los gigantes, los gaiteros y los encierros, las fiestas de Estella no serían reconocidas por los que las vivieron a caballo de los siglos XIX y XX. Las fiestas, como expresión de un pueblo que se divierte, evolucionan según los tiempos y los gustos, y en esta continua evolución, adaptada a la idiosincrasia de cada pueblo, está su fortaleza y su futuro. Pretender perpetuar el programa a base de llamadas de auxilio, es una pretensión inútil que, aún en el caso de tener algún resultado, equivaldría a fosilizar la fiesta. Por eso, retiremos lo caduco y demos paso a lo popular, que no es lo que de esta manera se viene denominando, sino lo que cuenta con la participación y aceptación del pueblo.

No dedicaría una sola línea a la desaparición o subsistencia de actos como la Bajadica del Puy o las Pañueladas, por la sencilla razón de que su existencia no afecta al desarrollo de la fiesta. Pero soy beligerante con la Bajadica del Ché en su programación clásica, porque rompe la fiesta en su mejor momento y sólo sirve para que algunos aporreadores de bombo (en mi juventud fui uno de ellos) se desfoguen dando golpes sin ritmo y a destiempo. En C. M. núm. 196, de agosto-septiembre de 2000, propuse el traslado de la Bajadica, de la una y media de la madrugada al comienzo de la noche. Hora que en estos tiempos es la más adecuada.

Pero no es este el único cambio que debe darse en las tardes festivas para mantener un ritmo que en la plaza de los Fueros se rompe constantemente, con el resultado de que durante tres horas seguidas de la tarde-noche puede decirse que no hay música en la calle. De 17,30 a 21, orquesta. De 21 a 22, bailables por txistularis y gaiteros, cuya música no se oye y en los que nadie baila. De 22 a 24, unos días torico de fuego y otros días nada de nada, y cuando arranca la orquesta a las 24h., a la 1, cuando mejor ambiente hay, tiene que callar hasta las 2 para dar paso a una bajadica en la que nadie participa. El resultado es que cuando a la 1,30 acaba el Baile de la Era, el personal se desperdiga y la mayor parte de los días no se recupera el ambiente que hubo a la 1 de la madrugada. Cualquier observador verá que es difícil hacer una programación peor. Por tanto, es necesario que de 22,30 a la madrugada haya música de orquesta, con la única interrupción del Baile de la Era, suprimiendo la Bajadica del Ché tradicional y trasladándola al horario de su programación infantil.



Otra cosa a desarrollar son los encierros vespertinos, cuya programación debería ser diaria, con el añadido de que convendría soltar alguna vaca en la plz. de Santiago. Única manera de evitar que los mozos las vuelvan; algo que espectadores y participantes agradecemos, ya que de no ser así los encierros son sosísimos, por carecer de la emoción de los encierros de toros.

Lógicamente, estos y otros cambios necesarios quedan para otros ayuntamientos más comprometidos y sensibles, que no valoren el éxito de las Fiestas por el número de personas que les saluden con el pañuelo. Es sintomático que cuando hasta las mismas peñas hablan de crisis y de baja participación en algunos actos, la alcaldesa y los concejales responsables de la programación digan que nada se debe cambiar porque "son actos que siguen la tradición". Claro que con esa falta de autocrítica, voluntad e iniciativa, para ellos el fracaso de la fiesta nunca será suyo; si no del pueblo, que no participa. Cuando yo me enfrenté a este problema (durante el primer ayuntamiento democrático, como presidente de la comisión de Cultura y Festejos fui el responsable de su programación), no lo consideré así, e introdujimos novedades que aún perduran. ¿Incluirán, también, en la tradición, estos actos que apenas tienen veinte años? Por eso, retomando el título de esta colaboración, más que meneo, lo que necesitan las fiestas es que a nuestro ayuntamiento le demos una gran sacudida.

Nota: esta colaboración, firmada como ex presidente de la comisión de Cultura y Festejos del Ayto. de Estella, se publicó en Diario de Noticias, el 18/08702. Otras colaboraciones sobre Fiestas: "Una aportación a las Fiestas" y "Por unas Fiestas mejores".

ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza