Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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LO QUE INTERESA

Desde el 4 de marzo de 2000, con periodicidad casi semanal vengo colaborando en la prensa con escritos que contienen propuestas, elogios, críticas y comentarios varios sobre temas que afectan a nuestra tierra, sin hacer distinciones entre personas o grupos políticos. Es una labor a la que como ciudadano tengo perfecto derecho, y en la misma línea pienso seguir mientras haya prensa independiente que lo mismo publique mis colaboraciones que la contestación del presidente de la Comisión Municipal de Urbanismo, Enrique Beorlegui. Sobre su carta, baste decir que no son ciertas las insinuaciones, la actitud, ni la intención que me atribuye. Pero no voy a descender a contestarle punto por punto, ni a valorarlo como persona (sólo me interesa como concejal) Los que escribimos públicamente, con cada colaboración nos exponemos a la crítica de la gente, de manera que si no estamos dispuestos a soportarla debemos buscar el cobijo del anonimato y el silencio. Pero un político -un concejal-, no sólo está obligado por el cargo que ocupa a aguantar los chaparrones que le caigan, sino que, además, debe tratar a todos los ciudadanos con el mismo celo, imparcialidad y justicia, sin tomársela por la mano ni vengarse utilizando el poder que para otros fines bien distintos ha puesto en él el elector. Si no lo entiende así, o no está dispuesto a soportar la "carga del cargo", ya sabe cual es el camino adecuado. Como se dice de la mujer del César, además de ser justo, debe parecerlo.

Nunca he defendido públicamente problemas personales (sólo me afectan a mí y a la Administración), y no voy a hacer ahora una excepción. Además, habiendo cauces legales para la reclamación y defensa, esos problemas no condicionan ni mi pluma ni mi vida, y me preocupan menos que otros asuntos en los que tengo el mismo interés que cualquier ciudadano preocupado por el presente y el futuro de nuestro pueblo. Ya sea conocer las causas de la inactividad municipal que desde hace más de dos años y medio venimos padeciendo; las razones por las que se dan ciertas licencias; y hechos parecidos que, independientemente de a quién o a cuantos afecten, destruyen la imagen de la ciudad, la paralizan, despilfarran su dinero, y, cuando no lo impiden, ponen corsés a su desarrollo. Son hechos y actuaciones de efectos permanentes; difícilmente reversibles la mayoría, que ahí quedan para las generaciones futuras. Impedirlos es lo que de verdad interesa.

Nota: esta colaboración, contestación a la carta que me dirigió Beorlegui, se publicó en el suplemento Merindad de Estella de Diario de Noticias, el 27/10/01.

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