Javier Hermoso de Mendoza
Javier Hermoso de Mendoza
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RIZAR LO ABSURDO

El año pasado un ciudadano cercó su finca con una malla metálica. Lo hizo sin pedir licencia. Pero una vecina que tiene su finca muy bien cercada y protegida, lo denunció. El ayuntamiento le puso una multa y le exigió levantar el vallado y recolocarlo a tres metros de distancia del camino, de manera que ahora tiene parte de su finca protegida por la valla, y parte de la misma abierta para que cualquier amigo de lo ajeno pueda servirse libremente. De nada le valieron las razones y las súplicas de que se le permitiera conservar el vallado en precario, para que así no consolidara ningún derecho. La autoridad es la autoridad, y cuanto más ciega, más autoridad, al parecer de algunos, y sobre todo si se aplica a los débiles.

La finca en cuestión está perdida en el campo, sin camino al que se pueda llegar ni en coche ni andando, pero catastralmente linda con un camino, y el Plan General dice que no se puede colocar vallados a menos de tres metros de los mismos. ¿Para qué van a aplicar nuestras autoridades la razón ni el sentido común, adaptando la norma a cada caso concreto, cuando les es más cómodo aplicarla literal y mecánicamente, demostrando así quién manda?

Esa finca nunca tuvo otra cosa que una senda por la que poder transportar la cosecha a lomos de mulo o burro. Ahora no tiene ni tan siquiera eso: el propietario tiene que acceder campo a través, porque las sendas están perdidas. Pero el ayuntamiento le exige que deje una distancia de tres metros en un camino virtual, que nunca llegará a ser real, que comienza y acaba en la finca.

Absurdo, no. Pues, no. Lo absurdo viene ahora: en Gebala, en lo que antes fueron las piscinas de los militares, se están construyendo naves industriales edificando hasta el límite de la propiedad -y según la opinión de algunos, que parece la más acertada, ocupando parte del camino-, forzando un desarrollo curvo y antinatural a una futura calle a cuyos lados se tiene que formar un polígono de servicios.

Absurdo, también, es que los muros de los unifamiliares que se están construyendo en Eztandeta, se hayan levantado -¿invadiendo el camino?- casi a pié del cemento que se tendió sin ocupar toda la anchura del camino, y otro unifamiliar, cuyo propietario alguna relación política debe tener con la Alcaldesa, se haya construido en el mismo límite del camino, de manera que, estando situados unos y otro a ambos lados del mismo y muy próximos entre sí, obligan a que la futura calle tenga un trazado serpenteante y esté condenada a ser más camino que calle. Pero, además, para más INRI, esta futura calle está considerada en el Plan General como parte del "Sistema General" de la ciudad, y debe servir de acceso y salida al bulevar de Lizarra.

¿Puede dar alguien una explicación del por qué en un inexistente camino perdido en el campo se exige una distancia de tres metros para colocar un simple poste y una malla metálica que en cualquier momento se puede retirar, mientras que en caminos destinados a convertirse en calles en torno a las cuales se deben configurar polígonos de viviendas y naves industriales se permite la edificación hasta el límite de la propiedad, dificultando el desarrollo de la ciudad? Son situaciones tan aberrantes que no las justifica la incompetencia, y que sólo se comprenden apelando a intereses ocultos, ajenos al interés y al beneficio de la ciudad. ¿Habremos metido la zorra a cuidar el gallinero?

Nota. Esta colaboración se publicó en la edición Merindad de Estella de Diario de Noticias de Navarra, el 12 de abril de 2003.




Fotos Eztandeta 1 y 2: Este antiguo camino, denominado calle Eztandeta, está definido en el Plan General como Sistema General, por el cual se debe acceder al futuro Bulevar de Lizarra. A las primeras construcciones se les exigió un retranqueo de siete metros. A la urbanización de la derecha se le ha permitido edificar a pie del cemento del camino, al igual que al chalé del fondo a la izquierda. Ambas edificaciones impiden el correcto desarrollo del Sistema General, dificultando su trazado e impidiendo darle la anchura adecuada. No había ningún ostáculo para haber dado a la calle el trazado y la anchura adecuada, puesto que no había ninguna construcción que lo impidiera.



Foto Eztandeta 3: La escollera oculta un muro de hormigón cuya zapata está elevada un metro sobre la rasante del camino. Incomprensiblemente, ese muro se legalizó exigiendo la colocación de tirantes que lo sujeten. Nada ha quedado definido sobre quién debe costear la sujeción y el recalzado del muro cuando se urbanice la calle.


Foto Eztandeta 4: La escalera de acceso al chalé está a pie de camino, lo que impide el desarrollo del Sistema General.



Foto Gebala: La nueva construcción invade varios metros el trazado que llevaba el camino, denominado calle Gebala, en torno al cual está prevista la creación de un polígono de servicios. Dicha construcción dificulta el desarrollo de la calle, desvía toda la carga sobre los propietarios del otro lado de la misma, y dificulta su urbanización por tener que construirla ganado terreno al monte. La ocupación máxima de estos polígonos no es superior al cincuenta por ciento de su superficie, por lo que el retranqueo era posible y aconsejable.



Foto Peñaguda 1: Esta senda, situada en medio del monte, por el Este tiene un acceso impracticable, mientras que por el Oeste está ocupada por la finca del fondo, la cual tiene un acceso rodado por el otro extremo de la propiedad. A la propiedad de la finca de la izquierda sólo se puede acceder, bajando un ribazo, desde un terreno público de monte. Por denuncia de un vecino, se le obligó a retirar el vallado colocado junto a la senda, y colocarlo tres metros en el interior de la finca.



Foto Peñaguda 2: Puede observarse el vallado, a la izquierda; la pared que limita la finca, a la derecha; y entre el vallado y el límite de la finca un olivo y otros cultivos. Los retranqueos que no se exigen en los caminos que deben dar paso a las futuras calles, se exigen en sendas que nunca han de ser caminos (?) ¿Quién lo comprende?
ARRIBA © 2003-2005 Javier Hermoso de Mendoza